Entrevista de la semana

27 Feb

David Gaspar, asesor de Marketing para una firma de hostelería.

“No soy un freak convencional”

Nací hace 28 años en Zaragoza, aunque llevo dos años viviendo en Tarragona por trabajo. Mis creencias son amplias. Creo en muchas cosas: en el aspecto religioso creo que existe algo más, sin definirlo. Tengo fe.

¿Te consideras Otaku?

Sí.

Lo afirmas casi sentenciando…

Ciertamente, llegó un momento en mi vida en que pensé ‘me gustan cosas que le gustan a otros freaks, pero también discrepo en tantas otras… Como poco, no soy un freak convencional. Además mis gustos son específicos, enfocados al manga, al anime, a la cultura japonesa con sus tradiciones, costumbres y la gastronomía nipona. Pues, soy otaku’.

¿Lo consideras un hobby o es un estilo de vida?

Es un hobby, esto no me da de comer.

A diferencia de otros otakus, no vemos en ti distintivos como tal.

Se me pasó la época. Antes cuando iba a un evento siempre llevaba mis cosplays. Es algo muy característico entre los otakus, les encanta el cosplay. Los cosplayers son el conjunto que tiene más representación y fuerza dentro del conjunto de los otakus, de hecho en los últimos 5 años se ha doblado el número de aficionados al cosplay. Lo que ocurre es que llega un punto en el que deja de llamarte la atención; supongo que es como todo en esta vida, son modas. Todo evoluciona, todo cambia.

Son épocas…

No siempre tiene porque gustarte lo mismo. Los que somos de mi generación, que antes íbamos a todos los eventos juntos y cosplayeados nos pasa igual. Y no es algo que de la noche a la mañana decidas guardar tus cosplays en el armario, es algo paulatino que haces inconscientemente. No por ello deja de gustarnos, ¡nos sigue encantando! Pero crecemos, aparecen responsabilidades y hay otras prioridades… El factor tiempo es importante. Antes teníamos muchas horas libres para fabricar nuestros cosplays, los trabajábamos hasta el último detalle. Ahora entre trabajo, familia y tantas otras cosas el tiempo escasea.

Muchos años desde los inicios. ¿Cómo empezaste a adentrarte en este mundo?

En el 1998 empezaron a promocionarse las Jornaicas de Manga y Anime de Zaragoza. Ya hacía tiempo que me gustaba el manga, de hecho frecuentaba una librería especializada que había en Zaragoza donde compraba mis mangas, pero no conocía absolutamente a nadie que compartiera mis gustos. La verdad es que me sentía un tanto aislado. Me acerqué a las Jornaicas y allí descubrí un mundo nuevo, donde cientos de personas compartían mi afición. Fue uno de los días más satisfactorios de mi vida, ya que fue entonces y allí que comprendí que no estaba solo, que formaba parte de un todo.

Conocerías a mucha gente.

Sí, hice muchos contactos que luego fui manteniendo. Al cabo de los años se formó una asociación alrededor de ese evento, la Asociación Tatakae de Zaragoza, de la cual me hice socio. Y a partir de ahí, se fue desarrollando la típica dinámica asociativa, en la que muchos jóvenes entran por conocer más gente.

¿Porqué Gran Vegeta?

El nombre viene de la famosísima serie Dragon Ball Z. Todo empezó en el instituto, donde al grupo de amigos nos apasionaba Dragon Ball, al emitirse en horario de clase, uno de ellos grababa los capítulos diarios y todos los viernes por la tarde durante dos años quedábamos para verlos juntos en su casa. Cuando apareció Vegeta era la época en que alcancé la mayoría de edad y como tal era rebelde, con genio, estaba enfadado con el mundo e iba siempre a contracorriente. Desde entonces, tanto mis compañeros como yo mismo vimos una clara relación-identificación entre Vegeta y yo y empecé a ser conocido por ese apodo, hasta hoy.

A modo de curiosidad, ¿sabes japonés?

Tengo un nivel básico, el Noken, pero no me permitiría desarrollar una conversación abierta con un japonés. Sé lo justo para entender por encima algo que lea, los silabarios básicos hiragana, katakana y unos mil kanjis.

Dinos algo en japonés.

No hay ninguna palabra ni expresión que me llame especialmente la atención. Realmente, hay muchas personas a las que el idioma japonés les evoca algo. Yo particularmente lo veo más como una forma de comunicación, quizás peco de excesivamente técnico para valorar el idioma en sí.

Fonéticamente, es innegable que resulta llamativo.

Sí, claro! Fonéticamente todas las palabras lo resultan. En general, lo más curioso son las pronunciaciones romaji de los nombres occidentales. Por ejemplo, mi nombre David, en japonés silábicamente es Davido; Miguel es Migueru… ¡Es interesante!

 

Ana.

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